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TEATRIN VIAJERO

Cuando la sencillez se alía con el talento

<strong>Cuando la sencillez se alía con el talento</strong> Por: Vivian Martínez Tabares
Fuente: El foro de occidente [Boletín electrónico]. Año 2, N° 10.--Guanare, 21 de noviembre, 2004.

Para quienes piensan –con sus razones o sin ellas-- que el teatro para niños es un arte menor, para aquellos que ven en la escena de muñecos una expresión disminuida, o la marioneta como una técnica simple, Varietes, de Hilos Compañía, de Bogotá, Colombia, puede resultar un singular descubrimiento. Camilo de la Espriella, un cartagenero que ha andado muchos caminos, y que ha sido discípulo de Harry Tozer, Albert Rozer, Phillipe Genty, y Peter Schumann, entre otros, es un maestro en el manejo de un muñeco a través de un conjunto de hilos, capaz de fascinar y de enternecer al auditorio más heterogéneo.

Con la estructura de la revista de variedades, Camilo hace desfilar seis personajes menudos –de apenas setenta centímetros de estatura--, y dota a cada uno de una vida propia, con diferentes expresiones plásticas, gestualidades, ritmos y calidades de presencia. A pesar de mi interés especializado por tratar de descifrar la labor técnica del titiritero, empeñada en seguir con atención sus manos y el manejo de los hilos, confieso que los muñecos lograron atraparme y transportarme a su propio mundo, y disfruté agradecida cada número y cada proposición, que se completaba con una sólida selección musical.

El sentido minimalista, la sencillez –que no simpleza--, la manera natural –sin subterfugios ni tonterías-- con que el artista se relaciona con los niños, incluida cierta dosis de didactismo cuando les introduce en un género musical como el blues, y la capacidad de abrirse a formas de participación y juego no pautadas, como el feliz encuentro con una niña que acudió a colocar la banqueta del pianista y quien, ni dócil ni complaciente, fue conquistada por las mañas del muñeco que logró la complicidad del público.

El pasaje inicial, a cargo de un Charlot que envejece en sus viajes de espera inútil a un parque, es un pequeño ensayo sobre la soledad que alcanza resonancias filosóficas. El roquero colombiano, seguidor de Led Zeppelín, arranca notas a su guitarra con un naturalismo que resulta casi increíble, y la guarachera Betty se menea con un sabor tan convincente que remite de inmediato a su alter ego Celia Cruz, difícilmente superable en su nivel de síntesis y elocuencia.

Saludo y aplaudo la construcción de una dramaturgia que temáticamente transita del vacío, el desamor y la muerte, a la vida plena que estalla en la festividad del carnaval y el goce. Y lo agradezco, como un hecho artístico que con muy pocos recursos y con mucha entrega, constituye un paradigma profesional y artístico en esta cita.
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