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TEATRIN VIAJERO

CERTAMEN MAYOR DE LAS ARTES, un camino al asombro

<strong>CERTAMEN MAYOR DE LAS ARTES, un camino al asombro</strong>

Foto: TEMPO. La abominable historia de Míster Punch.


Por Eddy Díaz Souza
25/09/05

La constancia, el empeño en la consecución de los proyectos artísticos y la alianza del creador con su comunidad, su audiencia y sus recursos expresivos, han sido factores coadyuvantes para que el títere y el titiritero celebren hoy la conquista de nuevos y mayores espacios. Espacios físicos muchas veces ganados a la desidia y al abandono, convertidos más tarde en amables recintos teatrales. Espacios que se abren ante la admiración y el respeto. Y espacios, en fin, muy cálidos, en el corazón de niños y adultos.

Habría que añadir a este largo bregar de los profesionales del teatro de títeres, el apoyo significativo que ha brindado en estos últimos años el Ministerio de la Cultura y la Dirección General Sectorial de Teatro, adscrita al Consejo Nacional de la Cultura. A esta expansión y fortalecimiento del sector, han contribuido sustancialmente instituciones y voluntades que echaron a andar proyectos como la Bienal Latinoamericana Itinerante del Teatro de Muñecos (iniciado en 1992), el Festival Internacional de Títeres Marionette (1999-2001), los festivales internacionales de Oriente y Occidente, el FesTIN, y algunos más recientes como Bengala, San Francisco, Teatro para los vecinos, Más allá de los cuentos y otros tantos que han sido oportuno muestrario y semillero de nuevas ideas.

Pero el Certamen Mayor de las Artes y las Letras (capítulo teatro, modalidad teatro de muñecos), con una importante asignación en metálico para los tres primeros lugares en las categorías de aficionado y profesional, se transformó en la más amplia y nutrida galería de titiriteros de todo el país. Las cifras indican la concurrencia de ciento cincuenta y tres colectivos, de los cuales cuarenta y tres se registraron como agrupaciones profesionales; una muestra significativa con disímiles lecturas. Datos, también interesantes, rebelan que la mayor cantidad de participantes se obtuvo en Táchira (21), seguida de Carabobo (16) y Mérida (10). Sin embargo, los estados Carabobo y Zulia lograron mayor representación del segmento profesional, con siete (7) y cinco (5) colectivos respectivamente.

El Certamen atravesó con buen paso las eliminatorias municipales y estadales, dejando atrás, tal vez sin prevenirlo, agrupaciones y propuestas creativas que hubieran sido también excelentes candidatas para la muestra final, tales como: Tin Marín, Barinés de Muñecos, Bengala o La Pareja, por sólo citar los casos más emblemáticos. No obstante, se siguió rigurosamente el esquema diseñado y los organizadores se apegaron a las normativas establecidas.

La selección final o eliminatoria tuvo lugar en Caracas, entre el 30 de agosto y el 2 de septiembre de 2005. Las tablas del César Rengifo de Petare recibieron a las agrupaciones concursantes, al público local y al jurado de esta última etapa, que fue integrado por Morelba Domínguez, Enrique Suárez, Liliam Mador, José Francisco Silva y Marisol Martínez. Las agrupaciones Títeres Kinimarí (Táchira), El zapato andariego (Monagas), Teatro Quijotillo (Sucre), Grupo Eos (Distrito Capital), Timón en coproducción con Garúa de Sueños (Lara) y TEMPO (Portuguesa), se encargaron de mostrar sus propuestas escénicas.

El espectáculo El telescopio del Dr Luna, de la agrupación tachirense Títeres Kinimarí, primer premio del Certamen, impactó por su depurada técnica en la manipulación del títere de guante, la acertada selección de los recursos escenográficos, sus atractivos muñecos y la apropiada interpretación actoral, donde cada voz correspondía a la imagen física y psíquica del personaje, matizada con juegos e improvisaciones que no dañaron en absoluto el lógico discurrir de la trama.

La propuesta del maestro Eduardo Di Mauro La abominable historia de Míster Punch, dirigida a un público juvenil y adulto, obtuvo el segundo lugar en este Certamen. La muñequería de la agrupación TEMPO es exquisita, como hermoso resulta también su teatrino. Los títeres de guante logran transmitir las emociones que los embargan, convencen con sus acciones físicas y logran atraer al público hacia una escena limpia, bien iluminada, densa en su atmósfera…

Eos, joven agrupación caraqueña que recibió el tercer lugar, presentó la obra El día que llovieron sonrisas. Metidos en su caja negra (una caja dentro de otra caja), dos actores respondieron por una puesta que incluía varios personajes, varios títeres de mesa y manipulación de estilo bunraku. La historia de Eos centró su atención en la temática del agua: dos hermanitos (una niña y un niño), que en algún momento entran en conflicto con un señor muy grosero que malgasta el agua. Los recursos estéticos de Eos son interesantes y la muñequería es de alta factura. El lenguaje de la obra, sencillo, directo y salpicado de modismos, estableció una efectiva comunicación espectáculo-auditorio.

Quijotillo, agrupación cumanense liderada por Hugo Arneodo --en opinión de muchos--, mostró una cuidada producción que lo ubicaba como uno de los más fuertes candidatos a los primeros puestos; sin embargo, no logró colarse en la selección final. La excelencia en la manipulación del títere de varilla, despertó la admiración de aficionados y profesionales. El payasito de la nariz colorada, original de Arneodo, evitó las lecciones didácticas y logró conmover desde los más pequeños hasta los más grandes.

En fin, esta muestra nacional nos permitió celebrar los logros del teatro para títeres y apreciar el nivel de las propuestas. No obstante, muchos otros aspectos deben ser tomados en cuenta a la hora de un balance final, como, por ejemplo, la amplia participación de los colectivos aficionados que requieren --según lo apreciado-- mayor apoyo y urgente asesoría. La dramaturgia, por su parte, exige seria atención. La mayoría de los espectáculos se resintieron a causa de sus endebles historias, tramas anodinas, textos didácticos y personajes mal delineados o excesivamente planos. En cuanto a las propuestas escénicas, cabe esperar mayor riesgo y experimentación de cara a futuros encuentros.

Este Certamen Mayor de las Artes y las Letras significó, sin dudas, un paso más hacia la dignificación del hombre y la mujer de los títeres. Es momento de que todos y cada uno de los participantes, organizadores e implicados en el fortalecimiento y superación del teatro de títeres, identifiquen las fortalezas, debilidades y oportunidades del sector; es tiempo de proponer el rumbo o los caminos a seguir, reinventar este u otro certamen… Está en ellos, titiriteros y titiriteras, la capacidad de asombrarnos y transformarnos con su arte.
Ese asombro que esperamos todos.

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