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TEATRIN VIAJERO

TEATRO DEL VIENTO REGRESA AL CAMINO

<strong>TEATRO DEL VIENTO REGRESA AL CAMINO</strong> Por Norge Espinosa Mendoza

Poco antes de radicarse en Venezuela, a principios de 1991, ya Eddy Díaz Souza contaba con un aval creciente que lo ubicaba sin discusión entre los mejores autores de la literatura para niños y jóvenes cubana. Su libro de fábulas Cuentos de brujas, Premio La Edad de Oro, 1989, se añadía a una lista donde también figuraban lauros en las ediciones nacionales de los Encuentros de Talleres Literarios, en las que su talento lo hizo destacarse como narrador y dramaturgo. Nacido en Jaruco, el joven habanero era además un ferviente apasionado del teatro, y puede localizársele en las fotos de la Trilogía de Teatro Norteamericano que Carlos Díaz dirigiera en 1990, en la cual también se desempeñó como asistente de dirección. Al salir de la Isla, dejaba tras de sí una serie de textos inéditos que esperan aún por aparecer aquí como letra impresa, incluido Cuentos de brujas, del cual solo dio un adelanto magnífico una edición especial de El Caimán Barbudo (1989) y unas viñetas que se publicaran en Unión (1989), revista de la UNEAC.

Mario Guerrero, en el Festival de Teatro para Niños de 1990, había escandalizado a algunos estrenando un texto de Souza, en el cual, por vez primera, ante un auditorio de corta edad, se producía un desnudo. Ahora, también desde Camagüey, una tierra que parece especialmente propicia a sus obras, Teatro del Viento estrena otra pieza suya. Del suceso, y de cómo con este estreno el grupo que dirige Freddys Núñez Estenoz parece enrumbarse a un nuevo camino en su apretada trayectoria, tratan estas líneas.

De por qué la oruga se fue a la guerra (1986) es el título de Eddy Díaz Souza que ahora adapta el joven colectivo. Su director ha confesado que este era un proyecto al cual volvía una y otra vez, hasta conseguir estrenarlo ahora, con lo cual la idea ha madurado, transformándose definitivamente en Historia sobre el camino. Afortunadamente, esta vez el término “versión” no significa que se hayan adulterado los presupuestos del original, sino que el director ha respetado el tono, la atmósfera de esencial carga lírica que emana del texto base, para reproducirla en otras escalas que, a manera de espejo, devuelve una imagen sobre la otra. Historia... es un capítulo de la saga que Souza escribió acerca de la Oruga, personaje que se enfrenta a distintos avatares en busca de sus propias experiencias acerca del amor, la soledad, la felicidad, etc. Texto de lograda síntesis, deudor a cabalidad de un Federico García Lorca que firmaba El maleficio de la mariposa pero también en Canciones o Poema del cante jondo, la obra parte de lo poético como médula, y se narra a través de argumentos líricos, lo que viene a ser una regla sin cuya comprensión el espectador no podrá disfrutar el espectáculo. La palabra, concentrada en su valor significante, informa estrictamente lo necesario, y el proceso de selección y cuidado con el cual el autor las elige y maneja, libra al texto de una seudopoesía teatral, que es lo más común en la mayor parte de las piezas que, de manera deliberada, se “proponen” justamente hacer poesía en los escenarios. La experiencia o la intuición que el ejercicio teatral animaron en el escritor, lo convierten en un dramaturgo que sabe sopesar los silencios, el hallazgo exactamente poético que logra alzarse allí donde la palabra se convierte en pura sugerencia y no larga tirada explicativa. Ello permite a Estenoz reconsiderar la fábula y añadir a ella versos no lejanos a su espíritu: desde Pablo Neruda a Mirtha Aguirre, que a manera de intertextos matizan las escenas en que dialogan la Oruga, la Lagarta y el Sapo, bajo las noticias de una guerra en la que tal vez, y solo tal vez, haya muerto el Esposo Amado. Para saber esto con certeza, agitada por un amor que no puede seguir siendo espera, la Oruga se adentra en el camino, y como tantos otros seres fantásticos de la literatura, el teatro, el cine, conoce a personajes insólitos. La obra es, pues, un camino: un escenario móvil en el cual apariciones y fantasmas rondan a la protagonista con sus distintas versiones de ese hecho fatal que será siempre la guerra.

Para llevar a la escena una pieza sostenida casi únicamente por el encanto de su palabra, en la cual la acción se repite en una angustia que debe crecer hasta un punto que sólo debe resolver la propia poesía, Freddys Núñez Estenoz se propone una vuelta de tuerca en su camino como director. Pareciera que, a la manera de su protagonista, no puede o quiere más acostumbrarse a aquello que antes le fuera cómodo, y decide arriesgarse en una nueva fórmula de conocimiento. Si en sus montajes anteriores, los de un director que se construía a sí mismo a partir de referencias dispersas y no mediante un aprendizaje de laboratorio, la estela de esos otros artistas que lo influenciaban llegaba a ser a veces demasiado obvia; y un sentido del color y el movimiento ofrecían una gama siempre elevada en la que se echaba de menos una mesura, un autocontrol expresivo. Historia sobre el camino se ofrece como un trabajo de transición en el cual el lenguaje lírico se hilvana a un trazado coreográfico de cuidadas pretensiones, y el trabajo descansa principalmente en el desempeño actoral: un ejercicio de exigencias nada discretas cuando se trata de animar en las tablas una palabra que quiere ser y reconocerse como arma lírica.

Los actores aparecen, desde el principio, vestidos con idéntico vestuario: una suerte de uniforme sobre el cual se colocarán los atuendos de la caracterización que les permiten ir de uno a otro personaje. El gesto delineado desde una complicidad con la danza que, cuidado, no hay que confundir exactamente con el baile, sino en ese delicado equilibrio que quiere manifestar con delicadeza la calidad de lo que se dice, se alza como una convención sólida desde el principio. El tiempo de la representación es el tiempo de un poema, y varias escenas, entre ellas la del juego de ajedrez que enfrenta a la Oruga y la Lagarta, y en el cual el Sapo que pretende a la protagonista aparece y desaparece confabulándose como un tercero y casi invisible personaje, alientan una lectura que sólo puede alzarse con éxito desde esa clase de propuestas, en la cual se elude la mera ilustración para dejar que el director entreteja otras posibilidades sobre lo ya escrito. Las luces procuran, en su mayoría, una limpieza que es también la del manejo de los objetos (módulos, maleta, tablero, etc), en la que cada elemento debe tomar un lugar preciso a fin de no afectar la fluidez de la trama. En ese rejuego los actores (Niurka Caballero, Anaisys Rodríguez, Josvanys González, Sander Nápoles y Vladimir del Risco) deben ganar un control minucioso, una sincronización que irá creciendo con las funciones, así como la posibilidad de ir “habitando” con organicidad progresiva los espacios que la partitura física de este poema dramatizado les impone. Siendo muy jóvenes todos ellos, algunos debutantes, es cosa palmaria la lucha interna que aún los hace debatirse con el hecho de darle presencia escénica a la naturaleza lírica de lo que interpretan, a fin de no dejarse llevar fácilmente hacia la mera declamación, atrapados por la seducción de las palabras. Es una historia difícil de representar, que no escoge fórmulas dramáticas trilladas, y que por lo mismo, se convierte en un reto de numerosas aristas. Que la asuman desde un interés que es el de una renovación en el lenguaje del grupo, avanzando hacia una ganancia de madurez, es cosa que, más allá de cualquier imperfección, me permite aquí ofrecerles una nota de estímulo, por la evidente entrega con la que se adentran en los rigores del montaje y la fe de superación que los conduce en las representaciones. Creo aún reconsiderable ciertas zonas de la banda sonora, los tempos de algunas secuencias, así como espero que las futuras temporadas, en efecto, doten de una veracidad no solo poética a los instantes climáticos de la fábula.

Historia sobre el camino es, junto a otras piezas más o menos recientes, una de esas raras excepciones de la dramaturgia cubana contemporánea dedicada a un público más que infantil, compuesto por adolescentes y jóvenes, para la cual valdría rescatar otras creaciones de Eddy Díaz Souza. Escrita con un sentido de la palabra teatral que rebasa los planteamientos epidérmicos e invita a disfrutar otras calidades de belleza, ha encontrado ahora un director que la elige como campo de pruebas, como posible as de futuridad en su compañía, a la que empieza a dotar de otras texturas, de otras realidades que reconfiguran su repertorio pasado y ojalá ayuden a la conformación de su futuro. Es, como espectáculo, imperfecto y hermoso, lírico y a la vez teatral, un juego de palabra y movimiento casi danzado: un acto de crecimiento e interrogación. Un acto de transición, es lo que digo. Deja ante el espectador preguntas abiertas sobre los próximos pasos de Teatro del Viento, que ya con una sede propia, parece comprender que va quedando atrás el momento de los aprendizajes más primarios. Que su acto por llegar en próximos estrenos sea el de una poética que vaya madurando y clarificándose, es lo que desearía creer ahora, cuando saludo el modo en que este grupo regresa al camino, preguntándose, tal vez, como su personaje, hacia dónde puede estar esa verdad que, bella o terrible, nos resulta estrictamente imprescindible. Que no le falte suerte, pues, en esa odisea que puede ser siempre el teatro.

Bibliografía
DÍAZ SOUZA, Eddy. “De por qué la Oruga se fue a la guerra”, en Talleres Literarios 1986. La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1987, pp. 207-216.
DÍAZ SOUZA, Eddy. “Cuentos de brujas”, en El caimán Barbudo, edición especial, julio 1989, pp. 24-25.
DÍAZ SOUZA, Eddy. “Cuentos de brujas”, en Unión, revista de la Unión de escritores y artistas de Cuba, Año II (Nueva Serie), N° 8, octubre / noviembre / diciembre. 1989, p. 85.

1 comentario

liliana -

yo vi la pueta personalmente y me parecio espectacular, con ese sentido poetico tan maravillozo que se te entra dentro, que lo mismo que te saca una sonriza , te saca una lagrima y comueve mucho al espectador, las actuaciones son muy buena y la direccion es magnifica