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TEATRIN VIAJERO

Leyendo a ANA ALVARADO

<strong>Leyendo a ANA ALVARADO</strong> Ana Alvarado
Author and Director of Theatre for Children

Fragmento de Tesis
Los objetos nacidos en el dada tuvieron en Kantor el más importante artifice de su traslado a la escena. Desde que se conoció su trabajo un puente pareció tenderse entre las grandes experiencias de las artes visuales, los objetos y antiobjetos nacidos de ellas y la escena dramática. Pero, además, influyó enormemente en el Teatro de Muñecos o Títeres. Este aspecto es mucho más desconocido y los entrecruzamientos entre este tipo de teatro y el surrealismo, Jarry, el dadá o incluso el hapenning han sido poco estudiados pero son relevantes. Excede este trabajo la Historia del Arte de los Títeres; sin embargo, en esta sección, se hará referencia a algunas de las técnicas desarrolladas por ese lenguaje.

En el campo del Teatro de Objetos, nacido de sucesivas transformaciones del teatro oriental de títeres, de figuras y de sombras, el objeto de Duchamp, de Beuys, de Kantor, de Santantonin, etc. es sometido a un procedimiento escénico tan antiguo como el teatro mismo: la manipulación.
Objetos inútiles, indiferentes, contradictorios, delirantes, sexuados, irónicos, provisorios, irracionales, simbólicos e inestables dependen de la trivial manipulación humana para moverse en la escena.

En la dialéctica sujeto-objeto aparecen junto con su presencia en la escena nuevos interrogantes:
- ¿Objeto manipulado y Sujeto manipulador?
- ¿El muñeco antropomórfico es un humano degradado o un modelo para el hombre?

En El Otro por sí mismo, dice Baudrillard:
El objeto es un fait accompli. Carece de finitud y de deseo, porque ya ha alcanzado su fin, en cierta manera es transfinito. Inaccesible, por lo tanto al saber del sujeto, porque no existe saber de lo que ya posee todo su sentido, y, por consiguiente, no hay utopía porque ya se ha realizado. En ese punto, el objeto es un enigma permanente para el sujeto. En ese punto es fatal.

De la dramaturgia de Ana Alvarado
Un tema presente en mi dramaturgia para niños es la discriminación pero no en su forma más convencional. Nunca hablaría del problema de ser un niño negro en un mundo dominado por blancos. Prefiero opciones más delirantes, evito el tono realista porque me quita libertad de acción. Un chico de papel es también un “distinto” pero la idea en sí misma es tan absurda que permite jugar, poetizar. Sugiero el sufrimiento de la diferencia pero también la posibilidad de un tránsito del personaje durante el cual esa diferencia empieza a jugar a favor y no en contra. No todo se pierde por estar en uno u otro lado.

Visite el TEATRO DE OBJETOS de:
ANA ALVARADO
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