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TEATRIN VIAJERO

Baja el telón del Festival de teatro infantil José Gregorio Romero: ¡QUE VIVA EL TEATRO PARA NIÑOS!

Baja el telón del Festival de teatro infantil José Gregorio Romero: ¡QUE VIVA EL TEATRO PARA NIÑOS!

Por Carlos E. Herrera
Crítico teatral
Correo-e: critica@cantv.net
20 de agosto de 2006

Décimo día y final de fiesta de actividad ininterrumpida de la VIII edición del Festival de Teatro Infantil “José G. Romero” que ha organizado de forma efectiva, contundente y diáfana, la Fundación Puertoteatro.

Ha sido una jornada con algunos altibajos pero, en términos generales, bastante positiva. Los altibajos no fueron de orden logístico organizacional sino inherentes a la fuerte inestabilidad climatológica reinante que incidió casi desde del jueves 10 de agosto en el normal desenvolvimiento de los horarios de las salas permanentes y de lo que fue la programación en espacios no convencionales en especial, los estipulados para comunidades descentralizadas de la ciudad de Barcelona y Puerto La Cruz como: Boulevard de Barcelona, Valle Verde, Guanta, Sector Agua Potable, Zona Rural del Municipio Sotillo, Parque “Andrés Eloy Blanco”, INAGER, Paseo Colón, Casas “Negra Hipólita”, entre otras.

No obstante, la perseverancia, tesón, empuje, buen ánimo, disposición para superar inesperados y buena tónica de camaradería ha sido factor estimulante para que un equipo artístico como técnico -en todos sus niveles- se haya encargado de darle luz verde para que baje el telón de forma exitosa a este soberbia vitrina de confrontación / exhibición del quehacer escénico para niños y adolescentes del oriente de país. Y afirmo que fue exitosa porque el respaldo del público fue asombroso en la gran cantidad de personas que asistieron motivados por factores promocional y no tanto publicitarios y por algo que logré determinar preguntándole a muchos niños y niñas como el ¿si sabían o no del festival y su programación? La respuesta deja algo en claro: este Festival está posicionado en el subconsciente colectivo del pueblo puertocruzano al igual que el Festival de Oriente. Siempre habrá que hacer un extra pero grandes y chicos asisten informados y con expectación.

No creo recordar —aparte del Festival de Teatro Infantil (FESTIN) y del Encuentro “Más allá de los cuentos (Canoabo, Edo. Carabobo) que organiza el grupo Tknela Teatro (abril de cada año)— que exista un evento que pueda aglutinar tanto a grupos, compañías e individualidades del teatro infantil nacional e internacional propiamente dicho como de otras manifestaciones, expresiones y géneros del hacer escénico reunidos para mostrar y compartir en armonía para hablar y discernir incluso, lo propio de este arte tan difícil como lo representa el teatro para niños.

En una próxima entrega, efectuaré no solo un balance más cerrado sobre lo que logré visualizar tras esta especial vitrina del Festival en cuanto a: consolidación y proyección del evento, su imagen y posicionamiento dentro de cada comunidad donde la programación llegó, el hecho de responder a los lineamientos que emana los entes gubernamentales como municipalización, desconcentración, masificación y democratización del hecho cultural, el impacto global en toda la región así como el impacto individual en cada uno de los que fueron testigos directos e indirectos del festival sino también aspectos propios a calidad artística de cada uno de los participantes, formas discursivas tanto en lo formal dramatúrgico como el lo respectivo a su escenificación, etcétera.

Para esta entrega comentaré lo visto al grupo de teatro infantil Teatrilandia (provenientes de Valencia, Estado Carabobo) quienes mantienen en su repertorio su más reciente propuesta teatral infantil Miguel Vicente Pata Caliente del dramaturgo y director Robert Thompson. Un autor que con buena disposición se ha propuesto indagar sobre lo propio nacional a través del cuento y las narraciones. Sus dos últimas piezas así lo han demostrado y estoy convencido que proseguirá tomando de lo nuestro no solo lo personajes típicos y populares sino que los ha sabido engarzar dentro de una fórmula escritural que tiene consistencia gracias a un lento pero consciente perfeccionamiento de estructura dramática donde cada situación y cada personaje tiene densidad, credibilidad y, en especial, ese toque con el “horizonte de expectativa” de quien habrá de ser su público: los niños, adolescentes y adultos.

Con Miguel Vicente Pata Caliente, Teatrilandia da un paso más en firme hacia la constitución de un grupo con aires de generar calidad en su respuesta artística ya que hay en la intención de su dirección, ajustar el detalle del empaque tanto de forma como de contenido, de ir solidificando una estética que se manifiesta en el empleo de las formas, uso del color, manejo del volumen, ritmo de composición, sincronía con el aspecto musical para transmitir o reafirmar los contenidos visuales, justeza y homogeneidad en la capacidad de cada actriz y actor al componer personajes de verdad y desempeñarse sobre la escena sin perderle la vista a esa gran interrogante de: ¿cómo mantenerlo animado? sino también como hacerle partícipe de una historia que va más allá de entretenerlo sino de colocarle un razonable dejo de reflexión.

Miguel Vicente Pata Caliente en una historia como la que viven muchos niños de la calle. Tanto su singular situación como la de su amiguito Chande. El tema y la trama se inspiran en la narrativa del afamado escritor venezolano, Orlando Araujo quien también aparece como personaje central y narrador omnisciente de lo que se nos cuenta y escenifica. El lado oscuro, de la maldad se tipifica tras el personaje –alegórico- de Sociedad. Su contraparte, el pueblo, lo encarna María Antonia. Unos y otros entran en juego para que los valores de una realidad social y cultural como la nuestra queden bien patentizados. Muy buen texto teatral.

La dirección de Thompson fue certera en la dinamización del espacio sobre un eje central escenográfico que cambia para ilustrar otros ambientes. Un astuto y bien coordinado empleo de muñequería, la gradación lumínica que genera atmósferas que van desde lo cotidiano a lo evocativo, que es capaz de apoyarse en el factor sensibilizante musical para que ese todo sea un melodrama con buenos momentos de comedia fue apropiado. Hay simpleza y eficacia, sustancia y magnetismo en este montaje y ello habla bien de la capacidad de la dirección para que no solo veamos un buen montaje sino para demostrar que Teatrilandia está creciendo y colocándose en un lugar privilegiado en eso que denominamos teatro para niños.

Las actuaciones en término de respuesta colectiva la califico de homogénea tanto en ritmo como en esa búsqueda de armar la eficacia de sus correspondientes interrelaciones. Hubo soltura y organicidad en casi todo el elenco. No hay sobreactuaciones ni acciones desmedidas. En lo individual fue grato presenciar tanto el desempeño compositivo de Beatriz Graterol en su papel de Miguel Vicente, el cual me indicó que esta actriz tiene una técnica bien dominada tanto en lo expresivo corporal como en la inflexión de la voz. Hay un personaje y no un trabajo técnico. Robert Thopsom caracterizando al literato Orlando Araujo estuvo centrada como aplomado; era como lo dije “un personaje omnisciente” porque era él quien construía la historia de Manuel Vicente y a un mismo tiempo se tomaba la libertad de ingresar dentro de su mismo artificio para fungir como policía o ese narrador que ve y recoge las impresiones de sus personajes y del público. Es un actor con presencia escénica. La mala de la historia (Sociedad) la encarna de manera súper convincente la actriz Francisney Fernández quien compuso de forma categórica la línea específica que su rol demandaba. Hubo en ella, confianza, seguridad en la actitud y con buen manejo corpo expresivo se ganó la animosa antipatía de la chiquillería quienes al final la aplauden porque le reconocen su excelente trabajo. El personaje de Chande, trabajado por Miguel García fue justo en el manejo de su potencial artístico, bien dosificado estuvo a las alturas del compromiso que le tocó encarnar; bien por él. Quizás el esfuerzo con menos rigor de estar en papel estuvo en manos de la actriz Fiorella Locantore; a ella de faltaba más verdad como para ser el actante opositor de Sociedad. Su energía estaba baja, había como algo que no la dejaba fluir con organicidad. Con más empeño y más conciencia de la escena podrá estar en justo equilibrio con sus compañeros de escena.

Con la presentación de Teatrilandia con este digno espectáculo de Miguel Vicente Pata Caliente en el marco de este Festival de Teatro Infantil “José G. Romero” se pone de manifiesto que hay grupos que están diciendo que el trabajo creador para niños tiene buenos asideros. ¡Bravo por ellos!

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