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TEATRO y ADOLESCENCIA

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por Bruno Mateo

El período del desarrollo sexual de las niñas ocurre entre los diez a doce años y en los varones entre los doce y catorce años aproximadamente, en las niñas el cambio más evidente es la aparición de la menstruación, el vello pubiano y el crecimiento de los senos; en el varón, la evidencia es la aparición del vello pubiano y en otras zonas del cuerpo como las axilas, cara, pecho, piernas, el crecimiento de los testículos y el pene. Este período de desarrollo en los niños y niñas se llama pubertad y es un proceso normal para toda la especie humana, por lo tanto si eres un joven que experimenta esos cambios no debes preocuparte es normal y bien sabes que están ocurriendo ciertas cosas externas en tu cuerpo y en tus sentimientos, emociones y pensamientos. La vida tiene otra perspectiva. Según los especialistas en la materia de los adolescentes, este es un tiempo en donde los muchachos y las muchachas padecen de unas variaciones radicales tanto en sus físicos como en sus comportamientos y por ello se debe tratar con mucho cuidado, un mal consejo puede ocasionar terribles consecuencias. ¿Qué pasaría si un autor dramático o director teatral lleva a escena ciertos valores tergiversados o negativos, por ejemplo escenas de excesiva violencia o de marcada tendencia a la frivolidad? ¿Cuántas veces hemos visto obras de teatro dedicadas a la problemática del adolescente? Algunos autores dramáticos venezolanos contemporáneos han abordado temas dedicados a este período como Romano Rodríguez con De melocotón a rojo alucinante, Pechos de
niña
; Bruno Mateo con Le dio un patatú; Carlos del Castillo con Soliloquio; César Rojas con Pantalones al revés, Eddy Díaz Souza con Alas de
primavera
, entre otros.

El primer indicio de desarrollo sexual en el varón se da por el agrandamiento de sus testículos, más o menos hacia los 12 a 13 años, los púberes masculinos comienzan a experimentar un aumento en la apetencia sexual, el cual aún no se ha definido con claridad, por ello, no se puede hablar de homo o heterosexualidad en esa época, aunque por supuesto, hay tendencias hacia el objeto de deseo sexual. Hay niñas que sienten una profunda atracción por una amiga y eso, tal vez, no implique que sea lesbiana y de ser así debe ser comprendida y aceptada. El teatro en Venezuela cuenta con algunas piezas que hablan acerca de la homosexualidad, siendo una de las más polémicas por ser una de las primeras que toca el tema La Revolución de Isaac Chocrón[1] escrita hacia los años de la liberación sexual, ese texto no es para adolescente, nuestros creadores no han atacado la visión sexual en la pubertad. Temas como la homosexualidad masculina y femenina, el machismo, la exclusión étnica y de género, los sueños y los deseos de los adolescentes, la droga, el sida son elementos vetados para la dramaturgia infantil y adolescente. ¿Por qué? Muchas veces pienso que se olvida que alguna vez pasamos por ese período de cambios de la pubertad, ¿cuántos de nosotros no quisimos que oyeran nuestros planteamientos, miedos y aspiraciones? Hay que volver a la tierra del nunca jamás, hay que repensar al adolescente en cuanto a sus pensamientos, emociones, expresiones comunicacionales y estética. No es lo mismo la estética de los años ochenta,  aquellos montajes teatrales cundidos de lentejuelas, licras fluorescentes, música de sintetizador, maquillajes y vestuarios chillones, que los signos socios culturales en el siglo XXI en cuanto a la imagen y la pragmática en el lenguaje. Es necesario revisar la dramaturgia para niños y jóvenes del país.

[Nota del editor: El autor colocó en este segmento dos cuadros referidos a la Clasificación de los estadios de maduración sexual en varones y mujeres, los cuales no se reproducen aquí porque el medio no lo permite. Ambas tablas fueron tomadas de Barrera Moncada, G y Kerdel Vegas, O., 1978. Citado en Noguera, Carlos y Esther Escalona. El adolescente caraqueño, 1989].
 

Como nos damos cuenta, los cambios biológicos en los jóvenes son radicales, se pasa de un cuerpo infantil a un cuerpo más desarrollado, los senos crecen en las mujeres y el pene aumenta de tamaño y grosor en los varones, lo que podría producir varias reacciones en los muchachos, el rechazo o la excesiva fascinación por sus órganos genitales, en el caso de los varones se puede llegar a hacer una cultura alrededor del falo y en las hembras un miedo por mostrar sus senos o lo contrario, las tetas se convierten en un arma de seducción; sin embargo, estas transformaciones no son sólo físicas, van más allá de lo que se ve, ¿qué pasa en la interioridad de los niños y niñas que pasan a ser adolescentes? Hay una tendencia a pensarse como únicos en el mundo y  de alguna manera lo son, en eso radica la biodiversidad, no obstante, todos los púberes poseen características psicológicas muy similares y todos experimentan esos cambios en sus cuerpos, es decir, son diferentes, pero iguales, lo que varía es la visión de sus realidades dado por muchos factores, no es lo mismo, un “chamo o chama”[4] que vive con sus padres que le proveen de todas sus necesidades a unos jóvenes que no tienen ni siquiera la posibilidad de continuar sus estudios y que deben trabajar para mantenerse, no es lo mismo un huérfano a un muchacho con núcleo familiar definido, es de acotar que en esta afirmación no se está implicando ningún juicio de valor. Somos diversos, loa imaginarios culturales son distintos por esa razón, creo que la televisión ha hecho mucho daño en cuanto a los valores de los adolescentes, “hay que resaltar aquí la importancia que los púberes dan a ciertos modelos publicitarios, como actrices de televisión y cine o cantantes, a los cuales muchas veces se quieren parecer. Esta admiración, sin embargo, si se convierte en una obsesión, puede tener consecuencias negativas”[5] El teatro es independiente de la tendencia que adopte, sea éste pensado como una herramienta que copia la realidad y se inclina por la crítica social o tal vez puesto al servicio de una causa o por contraposición aquella escuela wildeana o decadentista que plantea que el arte es sólo arte y creación y lo que produce es un goce estético y no busca una solución  a los problemas humanos. El arte es estética. El arte es realismo, es un servicio público. El teatro lee su contemporaneidad. El teatro es técnica y arte. El teatro debe ser hecho. El teatro debe ser reflexionado.

La adolescencia es un momento de socialización y adaptación, los púberes buscan acoplarse a las costumbres y modos del grupo que escogen. Se intenta pertenecer a algún grupo, no obstante, en Venezuela no existe la propensión tan marcada que se halla en otros países como los Estados Unidos de formar las llamadas gangs o pandillas, sin embargo, el adolescente quiere ser aceptado y para ello realiza procesos que pueden ser nombrados como rituales, actualmente se tatúan y se colocan piercings en sus cuerpos, realizan fiestas violentas; también los chicos que creen en mundos mejores, sea a través de las religiones o de la política. Todo se repite, lo que varía es la visión que se tiene del momento histórico en que se vive ¿Eso no importa para el teatro? Las artes escénicas y los medios de comunicación tienen una enorme capacidad para modelar las conductas de los adolescentes. No es una escuela, pero si enseña. Es cuestión de estética y pensamiento. Hay que leer entre líneas cuando se trata de montar una obra teatral para niños, niñas y jóvenes. Los directores de escena y dramaturgos no son maestros ni familia del público púber, en eso estoy claro, pero tampoco son comerciantes
inescrupulosos que venden cualquier antivalor con tal de obtener pingues ganancias, aquí la familia juega un papel importante. El niño imita y el adolescente acentúa esa enseñanza aprehendida. Si los padres no inculcan compañerismo, bondad, tolerancia y pensamiento crítico es difícil, aunque no imposible, que los chicos y chicas conozcan de esas cosas “tan insignificantes y poco productivas” para muchos.

La familia como concepto es importante para el crecimiento de los adolescentes, ¿pero qué es una familia? ¿Es el núcleo fundamental de la sociedad? ¿La familia es la misma que en otras épocas? ¿La familia sigue configurada por el padre, la madre y los hijos? ¿El padre es quien decide el rumbo del grupo? ¿Para que haya una familia es necesario que los padres sean los procreadores biológicos? ¿Actualmente no se plantea la adopción de niños por parte de personas del mismo sexo? En definitiva, ¿qué es una familia? Otros puntos para reflexionar. El joven adolece, de allí su adolescencia, de ciertas formas y estrategias para enfrentarse a su realidad y la familia se convierte en parte fundamental para su formación. Ellos desean identificarse con elementos culturales propios que le proporcionen una cohesión y coherencia grupal. Ellos necesitan sobrevivir en grupos. Durante este período los púberes intentan copiar los modelos que consiguen a su alrededor para sentirse seguros, mientras se busca una personalidad futura, de allí que hay que especular sobre los valores y elementos de contenido y de forma que transmiten las piezas teatrales. No se plantea un solo tipo de ética. ¡Nunca!. La libertad en el arte es importante para el sano desarrollo de una sociedad. Lo que se apunta es que el teatro tiene una enorme capacidad para plantear contenidos y estéticas. El adolescente busca corresponderse con su etnicidad y su ciudadanía, es decir con su cultura. El teatro puede aportar algo. “Por lo general, los y las púberes o adolescentes tienden a buscar soledad e independencia para poder pensar en ellos mismos, lo que representa una transformación muy importante: la capacidad de pensar en torno a problemas o asuntos cada vez más abstractos, más alejados de los que hasta entonces eran sus interese inmediatos” (p.81).

Venezuela es un país joven históricamente y su población también lo es, es una nación llena de gente emprendedora con capacidad para emprender proyectos que satisficen a la mayoría. El teatro es entre todas las manifestaciones artísticas y culturales la más propensa a resumir las manifestaciones del imaginario de un espacio y momento determinado, él recoge casi todos los signos y símbolos de un país: manifestaciones de contenido, de estética y de lenguaje. Los diálogos, las imágenes, gestos y movimientos se convierten en códigos que el público descifra y que escogen o rechazan libremente. Sin embargo, los adolescentes, en su constante búsqueda de identidad pueden caer en antivalores, el teatro proporciona opciones de representaciones culturales. Los textos dramáticos plantean diferentes posibilidades, por ello, el proceso escritural es complejo y fácil a la vez, complejo porque se convierte en una arma que puede asesinar los sueños y valores de los púberes, fácil porque se trata de un momento de vida. El teatro para adolescentes es literatura y vida.

La palabra “moral” proviene del latín moralis y significa prueba, certidumbre. La palabra “ética” proviene del griego ethicós e implica rectitud. La ética busca la felicidad del hombre, la moral no es un concepto relativo es un absoluto, es un valor universal positivo. Los adolescentes buscan su felicidad, las hembras y varones intentan insertarse dentro de una comunidad. El teatro sí tiene moral. Los creadores y cultures, tal vez, no la posean. Los jóvenes quieren tener amigos que compartan sus inquietudes, deseos y miedos. La amistad le da sentido a la vida de los adolescentes, no sólo por un proceso identitario, sino que le permite compartir. Un o una joven sin amistades podría convertirse en un ser egotista. La amistad es un sentimiento profundo hacia otra persona, que hace que nos identifiquemos con sus maneras, ideales, saberes y pensamientos. Los adolescentes viven una constante lucha entre su privacidad, ellos requieren estar solos y un proceso de socialización con otros de su misma edad. Si se habla de montajes teatrales para púberes se tiene
que hablar necesariamente de identificación, los elementos representados crean cables identitarios con sus problemáticas, sino simplemente no les interesa. Los adolescentes son receptores de cualquier tipo de influencias, y por lo general esas influencias suelen ser negativas, los jóvenes buscan experimentar con “todo”, desde relaciones ilícitas hasta la droga, por ello, el teatro es un escenario para la reflexión y la inculcación de maneras de contenido y de imagen, hay que respetar al niño y al adolescente.

El adolescente lucha por su independencia y exige respeto como ser único dentro de una comunidad histórica. Los padres o representantes o responsables de su educación son los “cancerberos” de esa libertad y formación, si no se respeta las ideas y la configuración de lo que significa ser adolescente, éste reacciona violentamente contra la familia y contra cualquier formalidad e institución o simplemente abandona lo que considera como algo que atenta contra su personalidad e intereses, incluyendo a las artes escénicas.

Para finalizar, el teatro lee el espacio y su tiempo que le toca, como dijo el maestro de títeres radicado en Venezuela Eduardo Di Mauro
durante una conferencia en el Ateneo de Caracas, dentro  del Festival Internacional de Teatro para Muñecos (FITEM), realizado a finales de octubre del 2005: “El teatro es un servidor público, sino sería un pavo real viéndose en el espejo”, el adolescente busca llenar sus vacíos y si no ocurre una correspondencia entre el teatro y sus aspiraciones y problemáticas no hay un verdadero proceso de identidad.

Caracas, Venezuela.
Noviembre 2005


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BIBLIOGRAFÍA

[1] Isaac Chocrón, quien además de dramaturgo ha destacado como empresario teatral y como profesor universitario, formó parte, junto con Cabrujas y Chalbaud, del Nuevo Grupo, creado a partir de 1967. Este grupo consideraba primordial la figura del autor y la consideración al texto dramático. Chocrón es uno de los renovadores del teatro venezolano con obras como Mónica y el florentino (1959), Animales feroces (1963) y La revolución (1972). Entre sus ensayos sobre teatro destacan: El nuevo teatro venezolano (1966), Tendencias del teatro contemporáneo (1968) y Sueño y tragedia en el teatro norteamericano (1984). © 1993-2003 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[2] Venezolanismo que significa persona joven o adolescente.

[3] Noguera, Carlos. Ya no eres una niña. Ya no eres un niño. Caracas, Consejo Nacional de la Cultura. Biblioteca Básica Temática, 2004. p. 65.

Martes, 08 de Noviembre de 2005 14:39 #. Pensándolo bien


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